Supe que sería actriz cuando me di cuenta de que, en vez de cantar en la ducha o bailar frente al espejo, me perdía en mi imaginación creando y actuando mis propias escenas.
Me he formado en diferentes escuelas y disciplinas. Empecé a soltarme frente a la cámara rodando cortos estudiantiles y, más tarde, trabajando con pequeñas productoras. Con los años, entendí no solo el arte como una vía de escape donde plasmar nuestros pensamientos y sentimientos más humanos, sino también viendo que el cine y el teatro tienen un peso real en la sociedad: el poder de educar, abrir los ojos y, a veces, transformar el mundo. Sé perfectamente que en esta profesión el aprendizaje nunca termina, pero las bases ya están firmemente puestas. Y ahora, solo queda lo más importante: salir ahí fuera y jugar.